Albrecht, una gloria eterna...

Fue uno de los grandes cracks de la historia de nuestro fútbol: defensor de exquisita técnica y emblema de los Matadores del '68, marcó una época en San Lorenzo. El querido Rafael nos dejó a los 79 años, y lo despedimos con enorme gratitud y admiración...

Albrecht, una gloria eterna...

Algunos dicen que fue el mejor. Tiempista. Técnico. Guapo. Dúctil. Adaptable a otros puestos. Implacable ejecutor de penales. Líder. Algunos aseguran que no hubo otro igual a José Rafael Albrecht, un defensor “moderno” en la década del ‘60, un héroe Matador que tomaba la bandera azulgrana y batallaba contra cualquiera, bien plantado, con el pecho explotado de valentía. La noticia de su fallecimiento, a los 79 años, nos deja un dolor inmenso. Se fue un ídolo eterno y una gran persona. Un hombre que no se formó en este club, pero que se transformó en sinónimo de San Lorenzo. Un símbolo insoslayable del fútbol argentino, que lo llora con gratitud y admiración, como se llora a todos los gigantes.

Había nacido en Tucumán el 23 de agosto de 1941. Después de jugar en Atlético Tucumán (1957-1960) y Estudiantes de La Plata (1960-1962), en 1963 arribó a San Lorenzo, justo cuando estaba naciendo un equipo legendario: los Carasucias. Allí, entre los talentosos jóvenes que surgían y algunos experimentados, Albrecht aportaba el tan necesario equilibrio. Y la brillantez de su juego, exquisito por donde se lo mire. Ya antes de su arribo a Boedo, había disputado el Mundial de Chile ‘62, y luego sería representante azulgrana en Inglaterra ‘66. Desde su puesto de zaguero, ordenaba todo. Y su voz, respetadísima, se hacía sentir.

En 1968 llegó a la cumbre. Porque nacieron los Matadores, uno de los mejores equipos en la historia de nuestro fútbol. Y allí, ya consolidado en el Club, Rafael terminó de transformarse de ídolo. “Era un equipazo, de atrás para adelante”, supo contarle Rafael a la Revista Oficial de San Lorenzo. Consultado acerca de su propio juego, se animó a comentar: “Y...  La verdad es que pasé por casi todos los puestos. Llegué a jugar de 9, de 10... ¡Hasta de arquero! Porque una vez lo expulsaron al Mono Irusta, y tuve que ir a cubrirlo. Me caracterizaba por el anticipo para cabecear. Y Tim me decía: ‘Usted sabe dar la pelota con ventaja’. No cualquiera, eh”.

Una de sus especialidades, que lo hizo célebre en la materia, era la ejecución de penales. “Y lo curioso es que, hasta que lo tiraba, ni yo sabía adónde iba a apuntar. Nunca miré al arquero y nunca elegí un lugar”, confesaba. Albrecht pateó 37 penales: convirtió 35 (uno lo desvió y sólo Edilberto Righi, de Banfield, fue capaz de atajarle el otro). En la campaña de Los Matadores marcó cuatro goles, dos de ellos de penal: en la segunda fecha, en el 1-1 frente a Platense en avenida La Plata; y un 3-0 a Banfield, en la octava jornada. Los otros dos aportes fueron ante Colón (de cabeza, en un choque que finalizó 4-0) y en un durísimo 1-0 contra Estudiantes, en La Plata. En total, disputó 229 encuentros con la azulgrana, entre 1963 y 1970, y convirtió 55 tantos. Notable.

En este Club tuvimos la dicha de disfrutarlo dentro y fuera de la cancha; de homenajearlo en vida (en 2010, un sector de la Platea Sur del Bidegain pasó a llevar su nombre) y de conocerlo como persona. Nos queda la eternidad para agradecerle. ¡Hasta siempre, tucumano querido!


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